COROLARIO, CIEN AÑOS DE VIVENCIAS MERIDEÑAS
La fragua del calor por la pasión
Merideña, me ha llevado a hacer este
colorario de breves anécdotas donde
quedan plasmadas vivencias y lugares que
vieron el surgir de la ciudad,
añoranzas de una época que se fue, la
cual, deja atrás, un álbum de recuerdos
añorados que van estigmados en nuestras memorias como una cicatriz imborrable.
Mérida; muy noble y leal, es una ciudad
asentada entre montañas que surcó
derroteros de desarrollo en medio
de un oscurantismo contemporáneo que la llevaron a ser una de las ciudades más ceremoniosas y
cultas de la patria; ancestrales tiempos
en la que la blanca neblina, cubría con su albo manto, las empedradas calles de
la dandista serrana.
Augusta e intelectual; Mérida alberga
en su seno a la bicentenaria Universidad de Los Andes, casa
de estudios de donde han salido gran parte de los manejadores de la nación, teniendo como atalaya y compañera de identificación,
al majestuoso Pico Bolívar, altar soberano de la patria, con nombre de
libertad.
Elévole a Dios Todopoderoso, mi
gratitud por siempre jamás por haberme
dado la gracia de haber nacido allá en esa parroquia de talentos mil; Milla ,
comunidad en la cual, pase mis años de infante y adolescente bajo el temple
inigualable de mis padres y maestros; a
quienes, de una u otra forma, les debo
mis inclinaciones por las letras del saber, tesoro del intelecto que sin
rielar rayos dorados; brilla por alientos de personas de positivo cavilar,
huérfanos de envidias y ricos de albedrío.
Se fue una centuria y nació otra… y
con el fenecer centenario de los 900, la
providencia, antesala justa del destino,
nos llama a hacer de nuestra ciudad, ese paraíso con el que soñamos todos, reiterándole las
gracias sinceras a aquellos que hicieron
posible este corolario impregnado de aires parameros y visos de caballero
montañés.

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